Sócrates 5
7. La ciencia y los
conceptos universales.
Para Sócrates el saber interior que extrae la mayéutica no se refiere tanto al mundo exterior, físico, que aprehendemos mediante la experiencia sensible, sino a nuestro mundo interior humano o moral.
La ciencia debe proveer principios universales, ser válida para todos, mientras que la experiencia sensible, argumentó persuasivamente Protágoras, es relativa: fuente de mudable opinión, no de ciencia firme. Opiniones, y no ciencia, eran en sus contrastes recíprocos todas las teorías de los naturalistas, según la observación que Jenofonte (Memor., I, i) atribuye a Sócrates:
"Se asombraba de que no se viera claramente que para los hombres no hay posibilidad de resolver semejantes problemas [los de la naturaleza] pues los mismos que se jactan de saber razonar acerca de ellos no concuerdan entre sí sino que riñen como locos. Unos creen que el ser es solamente uno; otros, que es una pluralidad infinita; unos, que todo está en movimiento perpetuo; otros, que nada se mueve nunca; unos, que todo nace y perece; otros, que jamás nace ni perece nada."
Pero en las cosas humanas, descubría en nuestra conciencia misma la existencia de principios universales (conceptos, leyes) alcanzables por el examen, la reflexión y la discusión. Por eso, dice Jenofonte (loc. cit.): "Razonaba siempre sobre cosas humanas, buscando qué es la piedad y qué la impiedad, qué es lo bello y qué lo feo, qué es lo justo y qué lo injusto, qué es la sabiduría y qué la locura, qué es el valor y qué la cobardía, qué es el estado, qué es el hombre de estado, y así otras cosas cuyo conocimiento pensaba que debía caracterizar al hombre capaz, y cuya ignorancia pensaba que debía definirse justamente como condición de esclavitud espiritual".
Como decía Aristóteles (Metaf., I, vi, 987), "Sócrates discutía solamente acerca de las cosas morales y no se interesaba en absoluto en la naturaleza; y en las cosas morales buscaba lo universal, pues fue el primero que tomó como objeto de su pensamiento las definiciones". Y agrega Aristóteles en otro lugar de la Metafísica (XIII, iv, 1078): "Tenía razón en buscar las esencias (lo que es cada cosa) pues quería razonar, y el principio de los razonamientos está constituido por la esencia de las cosas".
La esencia, lo universal, es decir, lo que hay de común en las particularidades, representa la unidad de la especie. Esta exigencia de unidad o universalidad se afirmaen un doble sentido: con respecto a los sujetos y con respecto a los objetos de conocimiento.
En el método socrático de investigación el lógos se subordina al diálogo. En el lógos individual los sofistas habían señalado el carácter de subjetividad y relatividad; Sócrates, en cambio quiere encontrar en la misma conciencia del sujeto no sólo la particularidad relativa sino también la universalidad absoluta. ¿Cómo? Por medio de la posibilidad del acuerdo con las otras conciencias. De la búsqueda en común:
"Puesto que estamos de acuerdo en que debemos buscar lo que no sabemos, ¿quieres que tratemos de buscar juntos qué es la virtud?" (Men., 86 b.)
La búsqueda en común introduce en la conquista humanista de los sofistas, y en su principio de la pluralidad, la exigencia de la objetividad y unidad, esto es, de la universalidad. "Cuando en la discusión concuerdes conmigo —dice Sócrates a Cálícles, Gorg., 487e— podemos considerar aquello en que los dos concordamos... y no necesitaremos buscar otra piedra de toque. . . Nuestra concordancia nos dará la verdad perfecta." La exigencia heraclítea del logos común, según Sócrates se puede alcanzar mediante el diálogo, pues en la coincidencia recíproca descubre lo subjetivo que es también objetivo, lo individual que es también universal.
Junto con esta unidad subjetiva debe buscarse y lograrse también la objetividad, vale decir, la unidad del concepto a través de la multiplicidad de las cosas y de los hechos.
"Yo buscaba —dice Sócrates, Men.t 72 y sigs.— una única virtud y encuentro ahora un enjambre. Y, sirviéndome de esta imagen del enjambre, si te pregunto, ¿cuál es la naturaleza de las abejas?, contestarás que hay muchas abejas y de muchas especies. Pero... si te pregunto, ¿qué es aquello por lo cual las abejas no son distintas sino que son todas abejas? ... Y, en lo que respecta a las virtudes, también sucede algo parecido: aunque hay muchas y de muchas especies, en todas resplandece una esencia común por la cual todas son virtudes ... Si alguien preguntase, ¿qué es la figura? ... sin duda encontraríamos muchas figuras distintas; pero no es esto lo que quiero, sino que, puesto que a todas, a pesar de su oposición recíproca, las llamo figuras ... quiero saber lo siguiente: ¿qué es lo que llamas figura? ¿No entiendes que busco lo que hay de igual en lo redondo, en lo recto y en todas las otras figuras?"
La ciencia exige el paso de la multiplicidad de los particulares a la unidad de lo universal por la inducción, y la determinación exacta de ese universal por la definición, elementos del método científico, cuyo mérito Aristóteles (Metaf., XIII, iv, 1078) atribuye a Sócrates. "Dos cosas pueden con derecho atribuirse a Sócrates: los razonamientos inductivos y las definiciones de lo universal, pues ambas conciernen al principio de la ciencia."
Sin embargo, debe notarse que las discusiones socráticas proceden más por refutación de las definiciones que le ofrecen que por la construcción de otras propias. La exigencia de un conocimiento por universales (conceptos), por otro lado, señala el camino hacia la doctrina ontológica de Platón. La afirmación de una realidad objetiva de formas (o "ideas"), cuya existencia y fuerza los hombres tienen que reconocer, aparece por lo menos implícita en Sócrates con respecto a las ideas éticas y especialmente con respecto a la fundamental, es decir, la idea del bien.
---------------------
(Selección y adaptación de: Mondolfo, Rodolfo: Sócrates. Eudeba. Cap. 7).
Para Sócrates el saber interior que extrae la mayéutica no se refiere tanto al mundo exterior, físico, que aprehendemos mediante la experiencia sensible, sino a nuestro mundo interior humano o moral.
La ciencia debe proveer principios universales, ser válida para todos, mientras que la experiencia sensible, argumentó persuasivamente Protágoras, es relativa: fuente de mudable opinión, no de ciencia firme. Opiniones, y no ciencia, eran en sus contrastes recíprocos todas las teorías de los naturalistas, según la observación que Jenofonte (Memor., I, i) atribuye a Sócrates:
"Se asombraba de que no se viera claramente que para los hombres no hay posibilidad de resolver semejantes problemas [los de la naturaleza] pues los mismos que se jactan de saber razonar acerca de ellos no concuerdan entre sí sino que riñen como locos. Unos creen que el ser es solamente uno; otros, que es una pluralidad infinita; unos, que todo está en movimiento perpetuo; otros, que nada se mueve nunca; unos, que todo nace y perece; otros, que jamás nace ni perece nada."
Pero en las cosas humanas, descubría en nuestra conciencia misma la existencia de principios universales (conceptos, leyes) alcanzables por el examen, la reflexión y la discusión. Por eso, dice Jenofonte (loc. cit.): "Razonaba siempre sobre cosas humanas, buscando qué es la piedad y qué la impiedad, qué es lo bello y qué lo feo, qué es lo justo y qué lo injusto, qué es la sabiduría y qué la locura, qué es el valor y qué la cobardía, qué es el estado, qué es el hombre de estado, y así otras cosas cuyo conocimiento pensaba que debía caracterizar al hombre capaz, y cuya ignorancia pensaba que debía definirse justamente como condición de esclavitud espiritual".
Como decía Aristóteles (Metaf., I, vi, 987), "Sócrates discutía solamente acerca de las cosas morales y no se interesaba en absoluto en la naturaleza; y en las cosas morales buscaba lo universal, pues fue el primero que tomó como objeto de su pensamiento las definiciones". Y agrega Aristóteles en otro lugar de la Metafísica (XIII, iv, 1078): "Tenía razón en buscar las esencias (lo que es cada cosa) pues quería razonar, y el principio de los razonamientos está constituido por la esencia de las cosas".
La esencia, lo universal, es decir, lo que hay de común en las particularidades, representa la unidad de la especie. Esta exigencia de unidad o universalidad se afirmaen un doble sentido: con respecto a los sujetos y con respecto a los objetos de conocimiento.
En el método socrático de investigación el lógos se subordina al diálogo. En el lógos individual los sofistas habían señalado el carácter de subjetividad y relatividad; Sócrates, en cambio quiere encontrar en la misma conciencia del sujeto no sólo la particularidad relativa sino también la universalidad absoluta. ¿Cómo? Por medio de la posibilidad del acuerdo con las otras conciencias. De la búsqueda en común:
"Puesto que estamos de acuerdo en que debemos buscar lo que no sabemos, ¿quieres que tratemos de buscar juntos qué es la virtud?" (Men., 86 b.)
La búsqueda en común introduce en la conquista humanista de los sofistas, y en su principio de la pluralidad, la exigencia de la objetividad y unidad, esto es, de la universalidad. "Cuando en la discusión concuerdes conmigo —dice Sócrates a Cálícles, Gorg., 487e— podemos considerar aquello en que los dos concordamos... y no necesitaremos buscar otra piedra de toque. . . Nuestra concordancia nos dará la verdad perfecta." La exigencia heraclítea del logos común, según Sócrates se puede alcanzar mediante el diálogo, pues en la coincidencia recíproca descubre lo subjetivo que es también objetivo, lo individual que es también universal.
Junto con esta unidad subjetiva debe buscarse y lograrse también la objetividad, vale decir, la unidad del concepto a través de la multiplicidad de las cosas y de los hechos.
"Yo buscaba —dice Sócrates, Men.t 72 y sigs.— una única virtud y encuentro ahora un enjambre. Y, sirviéndome de esta imagen del enjambre, si te pregunto, ¿cuál es la naturaleza de las abejas?, contestarás que hay muchas abejas y de muchas especies. Pero... si te pregunto, ¿qué es aquello por lo cual las abejas no son distintas sino que son todas abejas? ... Y, en lo que respecta a las virtudes, también sucede algo parecido: aunque hay muchas y de muchas especies, en todas resplandece una esencia común por la cual todas son virtudes ... Si alguien preguntase, ¿qué es la figura? ... sin duda encontraríamos muchas figuras distintas; pero no es esto lo que quiero, sino que, puesto que a todas, a pesar de su oposición recíproca, las llamo figuras ... quiero saber lo siguiente: ¿qué es lo que llamas figura? ¿No entiendes que busco lo que hay de igual en lo redondo, en lo recto y en todas las otras figuras?"
La ciencia exige el paso de la multiplicidad de los particulares a la unidad de lo universal por la inducción, y la determinación exacta de ese universal por la definición, elementos del método científico, cuyo mérito Aristóteles (Metaf., XIII, iv, 1078) atribuye a Sócrates. "Dos cosas pueden con derecho atribuirse a Sócrates: los razonamientos inductivos y las definiciones de lo universal, pues ambas conciernen al principio de la ciencia."
Sin embargo, debe notarse que las discusiones socráticas proceden más por refutación de las definiciones que le ofrecen que por la construcción de otras propias. La exigencia de un conocimiento por universales (conceptos), por otro lado, señala el camino hacia la doctrina ontológica de Platón. La afirmación de una realidad objetiva de formas (o "ideas"), cuya existencia y fuerza los hombres tienen que reconocer, aparece por lo menos implícita en Sócrates con respecto a las ideas éticas y especialmente con respecto a la fundamental, es decir, la idea del bien.
---------------------
(Selección y adaptación de: Mondolfo, Rodolfo: Sócrates. Eudeba. Cap. 7).
Comentarios
Publicar un comentario