Sócrates 6

8. Ciencia y virtud, ignorancia y pecado. La unidad de las virtudes

De acuerdo con testimonios de Aristóteles, "creía Sócrates que las virtudes se identificaban con la razón, considerando que todas eran ciencias... y hasta llegaba a afirmar, recurriendo a la razón, que donde hay ciencia no puede faltar el dominio de sí mismo pues nadie que tenga inteligencia obra en contra de lo mejor o, si acaso lo hace, es por la ignorancia". (Et. Nic,, VI, XIII, 1145 y VII, II, 1146.)

Ciencia significa para Sócrates dominio de sí mismo, es decir no sólo pura contemplación sino también acción.

Leemos en Jenofonte:

"El que sabe de qué manera debemos honrar a los dioses nunca considerará que le conviene hacerlo de una manera diferente." "No, en verdad." "¿Y crees que quien sepa lo que tiene que hacer puede considerar que le convenga no hacerlo?" "No lo creo." "¿Y conoces a alguien que haga cosas diferentes de las que juzga que es necesario hacer?" "No." "Entonces, los que saben lo que las leyes ordenan hacen cosas justas." "Sin duda." "Entonces definiremos rectamente como hombres justos a los que saben lo que las leyes ordenan." (Memor., IV, vi.)

Sócrates habla aquí no sólo de las leyes sociales, sino de la ley interior, para la cual probablemente introdujo en el idioma de Atenas la nueva palabra eukráteia (adoptada luego tanto por Platón como por Jenofonte e Isócrates), que significa autodominio y lleva consigo implícito un nuevo concepto de libertad interior.

Podría entenderse el mensaje socrático como una forma de intelectualismo. La interpretación corriente que atribuye a Sócrates la teoría según la cual el puro razonamiento abstracto debe regir la conducta práctica del hombre (ética intelectualista) pasa por alto la polémica del filósofo contra la opinión común que separa y coloca en mutuo contraste la inteligencia —convertida en fría contemplación abstracta— y los impulsos —que en ese caso resultan irracionales—. En contra de esta separación y oposición, Sócrates afirma la unidad e identidad entre la razón y la fuerza del carácter.

"La mayoría de los hombres —dice Sócrates en el Prot., 352— tiene acerca de la ciencia la opinión siguiente: que carece de fuerza activa y de poder para dirigir y ser soberana; piensa no sólo que se halla en tal situación, sino también que, a menudo, a pesar de estar presente en el alma de un hombre, la que domina no es ella sino algo distinto, ora la impulsividad, ora el placer, ora el dolor, ora el amor, a menudo el miedo, y juzga en todo y por todo que la ciencia es como un esclavo que los demás arrastran de un lado a otro. Entonces, ¿también a ti te parece lo mismo, o te parece que la ciencia es una cosa bella, capaz de dominar al hombre de manera que, si uno sabe qué es el bien y qué es el mal, no puede ser vencido por nada ni obrar de manera distinta de como manda la ciencia, sino que la sola sabiduría basta para ayudar al hombre?"

Esta sabiduría de que habla Sócrates no es puro conocimiento separado de la energía vital del carácter, sino todo un hábito o forma espiritual que conforma y gobierna la vida íntegra.

Sócrates, al aceptar en su misticismo el concepto pitagórico de la ciencia como camino de purificación y liberación espiritual, presenta ya la idea del sabio que habría de predominar más tarde en la filosofía postaristotélica; la idea de un hábito y ejercicio de autodominio en que la ciencia o sabiduría se identifica con la fuerza del carácter, y la falta de ella con la debilidad espiritual que transforma al hombre en esclavo de los impulsos irracionales.

El error y la culpa pueden considerarse una carencia de ciencia o sabiduría, es decir, también una ignorancia; y así puede afirmarse la sentencia característica de Sócrates: "nadie peca voluntariamente".

"Yo no creo que nadie entre los sabios admita que alguien incurra en culpas por su propia voluntad, ni que espontáneamente se haga culpable de acciones feas y malas, pues sabe que todos los que llevan a cabo acciones feas y malas las cumplen sin quererlo." (Prot., 345.) "Nadie que sepa o crea que hay cosas mejores que las que hace y que están a su alcance, cuando conoce la posibilidad de otras mejores sigue haciendo las que hace; y dejarse vencer por sí mismo no puede ser sino ignorancia, y llegar a vencerse a si mismo no es sino sabiduría .., Ahora bien, ¿no decís que la ignorancia es esto: tener falsa opinión y equivocarse en asuntos de gran trascendencia? ¿Y decía yo algo distinto al afirmar que nadie por propia voluntad va al encuentro de los males o de lo que cree que es un mal?" (Prot.,358).

Sabiduría, dice Sócrates, es "vencerse a sí mismo"; ignorancia, en cambio, es ser vencido por si mismo", por un sí mismo inferior que prevalece y triunfa sobre el superior.

Nada de esto es ética intelectualista, sino reconocimiento de una lucha interior entre dos fuerzas opuestas —interiores ambas, por cierto, pero vinculadas la una a bienes exteriores que no dependen de nosotros, la otra a su propia ley interna—, a saber: el yo inferior de las pasiones y los deseos irracionales —causa de la ceguera espiritual y de la intemperancia que es esclavitud del espíritu y obstáculo para la ciencia y la virtud— y el yo superior de la temperancia y el autodominio que es condición no sólo de la inteligencia sino también de la voluntad; visión clara y conducta sabia, al mismo tiempo e inseparablemente; autonomía que se sobrepone a toda heteronomía, libertad que se desliga de toda esclavitud espiritual.

"Quien se halla —dice Sócrates en Memor., IV, III— bajo el dominio de los placeres sensuales y llega a ser por ellos impotente para hacer lo mejor, ¿crees tú que está libre?" "No, seguramente." "Y los intemperantes, ¿te parece que se encuentran sólo impedidos de hacer lo mejor o también constreñidos a hacer las cosas más innobles?... Sirven, entonces, a la peor esclavitud." "Así me parece." "¿Y no te parece que la intemperancia aleja a los hombres de la sabiduría, que es el máximo de los bienes, y los arroja a su opuesto?,.. ¿Qué diferencia hay entre el intemperante y el animal más incapaz de ciencia?.., Sólo los temperantes pueden ver lo mejor en cada cosa y distinguir las cosas según sus especies y elegir las buenas y abstenerse de las malas."

Sócrates repudia la separación de mente y voluntad; afirmar esa separación nos lleva a consecuencias absurdas. Tomando como premisa una afirmación de Hipias según la cual "los embusteros son capaces, inteligentes, doctos y sabios en las cosas en que engañan", Sócrates observa:

"Tengo vivo interés en examinar el problema de que hemos hablado; es decir, si son mejores los que pecan por propia voluntad o los que pecan en contra de su voluntad... En cada arte o ciencia la habilidad superior sabe hacer lo malo y feo y equivocarse por propia voluntad, mientras que la inferior yerra en contra de su voluntad... Entonces, quien hace el mal y peca por propia voluntad, ¿será mejor que quien lo hace sin quererlo?" "Sería una enormidad, Sócrates." "Sin embargo, me parece que resulta de lo que dijimos... ¿No reconocimos que cuanto más hábil y más sabia es el alma tanto mejor será y tanto más apta para hacer ambas cosas, el bien y el mal, en cada acción?... Es propio del hombre bueno, entonces, hacer el mal por su propia voluntad, y del malo hacerlo contra su voluntad, si es bueno el que tiene el alma buena ..." "No puedo aceptar esto, Sócrates." "Ni yo concedérmelo a mí mismo, Hipias; pero deriva necesariamente del razonamiento que hacíamos." (Hip. men., 372-5.)

Consecuencia enorme e inadmisible que deriva de la separación establecida entre inteligencia y voluntad, sabiduría y virtud.

De este concepto unitario de la orientación intelectual y moral del espíritu deriva también el concepto unitario de la virtud. Pregunta Sócrates en el Protágoras:

"Explícame con claridad si la virtud es algo único y si la justicia, la sabiduría, la santidad son partes suyas o si las que he nombrado no son sino nombres de una misma cosa que es única." "A esto resulta fácil contestar, Sócrates, que todas las que nombras son partes de la virtud, que es una sola ..." "¿Y cada una de esas partes es distinta de la otra?" "Sí." "¿Y tiene cada una su función propia, como las partes de la cara? Pues el ojo no es como el oído, ni su función es la misma; ni entre las otras partes hay una igual a otra, ni por su función ni por lo demás. ¿Así también las partes de la virtud son mutuamente distintas por sí mismas y por su papel? ..." "Así es..." "Entonces, ¿la santidad no es cosa justa, ni la justicia cosa santa ... sino injusta aquélla e impía ésta? ¿Qué vamos a contestar? Por mí cuenta diría que la justicia es santa y la santidad justa ,.. Además, ¿hay algo que llamas locura?" "Sí." "¿Y eso no es de todas maneras lo opuesto a la sabiduría?" "Me parece." "Pero cuando los hombres actúan recta y útilmente, ¿te parecen sabios, al obrar así, o lo contrario?" "Sabios." "Ahora bien, ¿no son sabios por su sabiduría?" "Es menester que lo sean." "Pero ... para cada uno de los opuestos, ¿hay un solo opuesto y nada más?" "Uno solo ..." "Entonces resulta ciencia la justicia, así como la sabiduría, el valor y la virtud." (Prot., 329 y sigs., 332 y 361.)

Para Sócrates la virtud es sabiduría, hábito del autodominio y mejoramiento permanente del alma, al mismo tiempo moral que intelectual.



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(Selección y adaptación de: Mondolfo, Rodolfo: Sócrates. Eudeba. Cap. 8).

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